La exposición social de una corporalidad bixona no ha sido una elección. Te (sobre)exponen, te hieren, te invaden, te violan, te bullynean, te manosean, te clavan miradas de asco ¿o envidia solapada? y hacen de tu intimidad dominio público cuchicheado... o gritado... te convierten en chiste, en insulto, en sobrenombre, en vergüenza ajena, en víctima. O lo intentan. Pero como dice Audre Lorde "no soy sólo una víctima: también soy una guerrera"... unæ sobrevivientæ (aún) de la masacre sistémica de læs cuerpæs odiadæs, de læs cuerpos maldecidos, de las cuerpos enfermas, desechables, unæ sobreviviente (aún) del desprecio, de la zancadilla, de la calamidad sodomita, chueca, torcida, maricona, colipata. Y esa calamidad me politiza, me erotiza, me re-mueve, me calienta.
Algunas veces la sobreexposición que pretende normalizarte, fracasa, y por ende tú mismæ te vuelves un fracaso, un error, una falla, el punto corrido de la media de una pierna gustosamente gruesa, un racimo de estrías texturizando la lozanía insípida del ideal de "piel sana", el hoyo de la muela caída al final de una risa maleducada, las marcas y cicatrices que dejan entrever el mapa/prontuario de quien las porta.
Cuando aparece la falla, la desconfiguración inevitable, el error, el taco despegado, el grano vuelto surco, la cuerpo erroristæ puede al fin escupir a esa exposición forzada, con la fragilidad y la fortaleza lograda en el transito hacia su florecimiento, contra todo pronóstico reencontrarse con sus demonias y abrazarlas, mucha espina poca rosa como dice la canción, brillosa y punzante, tiernamente filosa, agresivamente bellestia.. que se destruye y se construye, se arma desarma y rearma como un collage de multiplicidades, donde cada pieza es exhibida esta vez, por gusto, o por ocupar la eroticidad el sexo o el porno como medio de sustento económico, o por venganza, o por curación, o por desvergüeza, o por flexiblizar cánones, o por afán terapéutico reapropiante de la calamidad que nos quiso suicidar masacrar ridiculizar, o por las infinitas posibilidades de fuga que nos hicimos en el ejercicio de atravesar la hostilidad general y las huellas que vivirán en nosotræs tal vez para siempre, aunque mutando de sensación y de forma. O por una mezcla rizomática e inestable de todas estas posibilidades.
Hay una hermostrura en la exhibición y el voyerismo consensuado-deseado, en la autocalentura de una cuerpa que debía odiarse, odiar su carne y sus huesos, sus marcas, sus huecos, que debía entregarlos eternamente gratis a quien mostrara interés porque sino ¿quién más iba a quererte? Al mismo tiempo que debía espejear su desprecio en el desprecio a otros cuerpos mutantes.
Te exponen, te sobreexoponen desde lo crudamente evidente o desde la invisibilización que también es otra forma de la violencia masiva que nos enseña a odiarnos. Te exponen, te sobreexponen y para que esa tortura resulte a cabalidad se supone que debías intentar esconderte eternamente, incluso cuando no tenías ganas de hacerlo, resguardar tu intimidad como un tesoro en los lugares que siempre están por ser desmantelados por los soldaditos del régimen, expropiarte incluso el poder imaginar otros lugares posibles donde cultivar tu intimidad, donde les sea imposible ingresar. Y en eso me pregunto ¿Qué intimidad social tiene un cuerpo que vive en una época donde hay cámaras de vigilancia por doquier, donde el panóptico está integrado ya hasta en la arquitectura subjetiva que corre por las venas. ¿Qué supuesta fluidez tiene el sexo en una época como ésta, altamente normado, occidentalizado, sobrevalorado y a la vez juzgado, sacralizado en pos de los más privilegiados?
Ha sido un ejercicio de elongación sensorial el des-subjetivarnos para encontrar esos otros espacios posibles donde los soldaditos -de uniforme y de civil- (esperamos) nunca podrán llegar.
Te exponen, te sobreexponen con el benaplacito general. Y luego la moral, el dedo que apunta, el hostigamiento que estigmatiza y/o criminaliza que te hayas reapropiado y sacado ventajas del padecimiento que tuviste que atravesar, el desentendimiento, la igualación de la violencia del opresor, con la respuesta de læ oprimidæ, la presión para el arrepentimiento de "tomar el mal camino", la banalización de la sonrisa y la lágrima y el brillo y la resistencia bixona. Y no, no voy a despolitizar el mal camino ni la risa ni el llanto ni los fluidos corpóreos, ni la grotezca ternura de lo abyecto. No quiero esconderle brillantina ni trabestialidad a mi resistencia para que parezca más seria o incomode menos. No voy a disculparme por ganar dinero por lo que "debería" hacer gratis , no voy a disculparme por desear mi cuerpæ, por desear exhibirlo ya sea por placer, por desempeño laboral o por la mezcla de ambas, no voy a disculparme por ser yo quien lo aprieta, lo succiona, por ser yo quien se entierra dedos, quien extiende el cuerpo más allá de la piel que me envuelve, en vez de ser sólo ese cuerpo manoseado por la cultura violatoria, de ser sólo ese cuerpo de libre consumo para abusivos, agresores, violadores, enamoradæs, carcelerxs, patronxs. No voy a disculparme por encontrar placer catarsis e indecente belleza deseable en mi mismæ y en corporalidades poco aceptables para la subjetivación masiva. Tampoco voy a disculparme por dañarme, por tener miedo y angustia, por dudar, por equivocarme en la relación conmigo mismæ, por ser muchæs en un solo envase, ni siquiera por llegar a odiarme, no, no voy a disculparme (más que conmigo mismæ, si así lo amerita).
Y con vértigo, pienso
¿Estamos más expuestæs a la violencia heterosexista quienes exhibimos nuestra desnudez, quienes ejercemos en cualquiera de los ámbitos del trabajo sexual, quienes des-deseamos los diagnósticos y asignaciones del régimen heterosexual - cisgenérico? Nuestras muertes importan menos socialmente, obvio que sí, la masacre hacia nosotræs es brutalmente insignificante para la ciudadanía normativa, pues también. Y sin embargo, las pololas y esposas que no son remuneradas por su desempeño sexual/erótico, también son cotidianamente violadas y asesinadas dentro de sus hogares de familia, dentro de las cárceles y otros centros de exterminio, por los mismos hombres que nos violan, encierran, torturan y matan a nosotræs... Realmente ¿estuvo alguna vez en nuestras manos no estar expuestæs a esa violencia sistémica?
Si no se puede elegir el anonimato, ni escapar de la vitrina, como mínimo voy aprovechar lo que pueda obtener de ello, como máximo voy a disfrutarlo cuanto pueda.
..Exhibición, voyerismo, autoerotismo, repensar mis límites, tanto para defenderlos como para flexibilizarlos, para hacer de mi autodeseo y mi autoplacer el espejo de otras cuerpos expropiados del autoestima y la deseabilidad, por abrirme a percibir el reflejo que otros cuerpos pueden acontecerme para incrementar el cariño por mi mismæ y aprender a tratar y tratarme con menos expectativa, exigencia, dureza acerca del cómo "deberíamos ser" que queda interiorizado cada unæ como resultado de la normalidad general.
Voy a salivar mi vulvo infame, genitalizar mi boca, expandir los supestos límites de lo individual, singularizar mi experimentación cuerporno, desintegrar los modelos cis-sexuales para entender mi expresión espíritu-corpórea, voy a oler el rujido de mi hoyo y volver a la herida para contemplar la multiplicidad que me habita con menos juicios morales, con la perversión y el cuidado que pide mi calentura y la de quienes la compartamos, deseo desobstruir el flujo de imaginarios pornográficos sobre todo en lo que implique dinamitar cuanto pueda el capacitismo, con intensidad, tanto hacia lo externo como hacia lo interioriorizado, esa percepción capacitista que tantas veces boicotea nuestros aprendizajes sensoriales eróticos y placeres por descubrir.
Invocada sea la balsámica insurgencia del sabotear las certezas en cuanto a imaginarios corpornos. Invocada sea la insurgencia sexual para con otræs seres-artilugios-elementos y para con nosotræs mismæs, incluyendo desde la perversión más arriesgada hasta el boicot a la sobrevaloración del sexo de la subjetividad masiva.
Desmantelada la creencia en el futuro la libertad el progreso la seguridad la tolerancia la diversidad policiaca, la salud y el bienestar, se encuentra un hermostro abismo... alivio y angustia... el alivio con su infinita frescura de dejarse ir, la angustia -tal como la cercanía a la muerte- con el potencial de hacernos diferenciar lo importante de la paja molida. Desmantelada la esperanza en este mundo convertido en campo minado para tantas y tantæs existenciæs (incluso las consideradas inanimadas o inertes), cada monstrua minoritaria tiene el potencial de expresar su(b)versión del aquí y el ahora, de ofrendar su(b)versión de la cuerpæ, el potencial de (des)dibujar imaginarios cuerpornográficos, de devenir otras intensidades, de habitar más versiones de si mismæ, de propulsar su(b)versión de lo (im)posible
...Armas tenemos y hasta nuestros clítoris/pícoris/hoyicoris llevan puesta la capucha, así que invocada sea la revuelta mutantosa y el perreo intenso.
foto by Nia
texto by GrrisLy