jueves, 31 de diciembre de 2020




Hoy desperté pensando en cómo se repite una y otra y otra vez la casi imposibilidad de cruzar pensamientos-sentires críticos de la heterosexualidad como régimen político y los espejeos cis-témicos con los que nos reflejamos las personas no-cis. Todo pensamiento crítico hacia los órdenes hegemónicos identitarios ciudadanos legalistas, desde la multiplicidad y la marginalidad de clase-género (que no venga de alguien famous opbio) se torna o se recibe como una ofensa personal. 

Estamos en peligro de extinción y sinceramente no me es importante de por sí, dejar de existir, 
el devenir minoritario no era teoría abstracta y hemos tenido que vivirlo que dolerlo que disfrutarlo habitarlo bestializarlo animalarlo. Esa extinción inminente ya no sólo está en manos de los hombres que nos asesinan y nos rompen el cuerpæ, literalmente, sino también en los alcances del pink-washing cada vez mas familiarizados intrincados y multiplicables 






Con la llegada del reconocimiento legal a la identidad de género, siento que está ocurriendo lo mismo que cuando el movimiento Trans llegó a higienizar la visión social que existía y aún existe hacia las personas no-cis o no-heterosexuales, de clases sociales bajas. No fue poco lo que conllevó esta higienización, por una parte la acentuación aceptada de divisiones identitarias excluyentes de los devenires minoritarios que desbordan los parámetros aceptables de lo lgtbqi+ y por otra parte, la entrada de los hombres trans (luego también unas pocas mujeres trans) al ejército, policía y otras instituciones represivas de los Estados nazi.onales. Hoy en muchos lugares, hay personas no-cis de clases no-acomodadas, que se han ido identificando como Trans, aunque aún obviamente son mayoritariamente las personas de clases mas acomodadas las que pueden "llenar" la espectativa que hetero.cis.landia tienen respecto de lo que les parece una persona Trans "aceptable" para el ciudadano promedio. Para que no se malentienda, me importan cinco hectáreas de verga cis, la identidad de cada persona y lo que haga con su cuerpo. No suelo juzgar a personas una por una, ya hay suficiente juzgamiento al respecto. Pero no por eso, puedo dejar de sentir cuestionamientos a los órdenes en los que nos espejiamos como personas trans y no-cis en general. Ni he podido dejar de sentir las secuelas de la pacificación de ciertas comunidades logrrada a golpe de criminalización, epidemia del VIH, asesinatos por odio, tortura y precarización. 

Se vino intensa esta oleada neoliberal, en que se está retomando fuerte la facha costumbre de ciudadanizar  y civilizar todo lo que tenga algún potencial desobediente del régimen.
A veces sólo me quisiera disolver hasta que todo acabe.