jueves, 14 de octubre de 2021

Retazos del cuento la muchacha y el gato (2008)

Ellos lo habían planeado así: iba a ser muchacha y como tal iba a aprender a sonreír, no por goce ni por contenta, sino por complacencia.

Iba a ser débil frente a ellos al modo de las princesas, aunque fuera pobre como una rata. Iba a demostrar el miedo para que no se tuviesen que tomar ni la molestia de ahondar en la búsqueda de sus sumisiones.

Iba a ser mujer, algún día llegaría a serlo, pero desde ya fingiría que se nace, que simplemente se es, como si la vida fuera así de fácil. Y la fuerza que cultivara para trabajar le iba a servir. No para pelear ni jugar ni fugar, sino t r a b a j a r.

Pues así dijeron que era la cosa. El lugar la fecha el contexto, aunque parezca desmedido, daba lo mismo. En feudalismo el capitalismo en revolución... los hilos conductores de ciertos regímenes no se tocarán: ella iba a ser muchacha, y como tal, iba a aprender a sonreír. No por goce ni por contenta, sino por complacencia.


Y ella, irrepresentable y en detonación preferiría no reír nunca más, a tener que conllevar esa mueca estúpida para agradar a los señores, para no incomodar con su agriedad que carga por vivir, por haber nacido de violaciones o de amores heterosexuales o violatorios amores heterosexuados, qué más da si ya venía dictado.


Sin saber cómo asir ese desfondamiento agitado, esas ganas de reír a gritos o no sonreír nunca más, ella tomó a su gato y le dijo: ya estamos tan heridas que tan sólo hemos dado paso a drogarnos del dolor, a extasiarnos de malicia. Ahora nos acusaran de lo que sea. Pondrán nombre a esta rajadura, dirán pecado, darán veredicto, dirán vicio, darán un diagnóstico, seré culpable o demasiado inocente. Vendrá la sobreexposición o el volcamiento a la aparente inexistencia.


Ella recreó ser chico, ser mitad pájaro, masturbarse contra el pasto, llorar el dolor, hacerlo explícito, conocer la magia, descubrir aquello por lo que había sido válido ir a parar a la hoguera, poner en su lengua las palabras que arriesgan camisa de fuerza, estrechar las decisiones que arrastran al encierro carcelero. Se alimentó de instintos que le costaba entender, se arrimó al abismo de las cosas sin nombre ni representabilidad. Deseó ser devorada por unas lobas por un zorro por una perra por un gusano. Deseó fundirse en otros cuerpos y sacarse la piel si es que esta sólo iba ser prisión. Desfundóse del género que encarcelaba a sus deseos, gimió en desnorma, inexperta de movimientos pero madura de éxtasis, de rabia, de éxtasis, de inconformidad. Aquel incomódo antes incierto y ahora explícito, abiertos a fuerza.

Enllameció por sentir en los pechos unas tetas camionas, sentirlas en las piernas y entremedio. "Tu vigilancia no puede controlar como resuene el mandato. La rajadura de tu herencia se propaga" pensó vengativa, mientras maldijo a los terratenientes de las corporalidades. Es violento que otros dictaminen lo que somos se dijo Y de pronto le dieron ganas de estar violenta de experimentar aquella exaltación negada por crianza, le latió estar monstruosa y animaluda y sigilosa. Dejó estremecer el pelaje de su espalda enfrentándose a sí misma y a su entorno y de ahí hasta más allá, descategorizandose de lo que había sido por inercia, hilandose a o3 por sus potencias, devino erizada, desfondandose, deshumanizandose, mientras el gato la veía 

cada vez más parecida 

a algo parecido 

a un caracal.





Escrito en 2008 by kala para el espacio de radio Gatas en Fuga 

.::el maullido de la disidencia el ronrroneo del corasound::.