Estamos en peligrro de extinción y sinceramente no es importante, de por sí, dejar de existir, el devenir minoritario no era sólo teoría abstracta y hemos tenido que vivirlo que dolerlo que disfrutarlo habitarlo bestializarlo animalarlo.
Esa extinción inminente ya no sólo está en manos de los hombres que nos asesinan y nos rompen el cuerpx
literalmente,
crudamente,
sino también en los alcances del pink-washing cada vez más familiarizados, intrincados y multiplicables.

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