Marinos.
Esos asquerosos que se pasean con sus ropas impecablemente planchadas, higienizados con su intacta vocación de tortura institucionalizada
Limpios peinados lustrados
Impecables en su tradición nazionalista
Y erguidos
en su impunidad
Los mayos y los septiembre, el pueblo baja los cerros a saludarlos con banderas y banderitas, en sus desfiles pomposos, en un ambiente familioso y nauseabundo. Marinos. Gozan de una (casi) imperturbable visión generalizada que los exime de las "fallitas" mediatizadas de otras instituciones torturadoras. Ellos, que han tenido barcos dedicados a la masacre, al fondeamiento de cuerpxs, al hundimiento y la violación de lo insurgente. Los pulcritos. A montones, erguidos y diligentes por las calles del puerto en su (aparente) impunidad.
Nota de prensa:
NIZA SOLARI: “LA ARMADA TORTURÓ Y MI CUERPO LO SABE”

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