martes, 10 de diciembre de 2019

#decembermemories


El día en que murió Pinochet sentí impotencia de que se muriera bienatendido en su cama de hospital y junto a sus seres queridas/os. Sentí pena de no haber cumplido mi sueño de infancia de romperle la cabeza, de frente, con una metralleta que no le dejara niun centimetro de su cara.
Con esas emociones y un sentimiento de irrealidad cuatic estuve en medio del festejo eufórico que se generó espontáneamente por pedro montt, o pedro lemebel como se le dice ahorito, llegando a la plaza vick. Era domingo al anochecer y frente al memorial culpabilizador del niño abortado, a un costado de la catedral, estaban bailando y llorando y grritando detonadas las primeras maricas y tortas que fueron mis amigas en valparaísa.



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