La noticia del Times
no es más que unos centímetros de palabras ocultos en las últimas
páginas del diario que extendí sobre la mesa de nuestra cocina.
Sólo reparé en ella por el título, por el repentino temor de que
casi podríamos ser tú y yo: “Encuentran asesinada a una mujer que
se hacía pasar por hombre y a otras dos personas.” El día de Año
Nuevo, Brandon Teena, que había nacido hembra y vivía como un
hombre en una pequeña ciudad de Nebraska, fue acribillado en una
granja junto con la amiga blanca con la que se alojaba y un hombre
afro-estadounidense. Brandon fue el único al que mutilaron con un
cuchillo. La semana anterior lo habían violado los dos hombres a los
que finalmente se detuvo por el asesinato. Pero antes, decididos a
demostrar que “en realidad” él era una mujer, lo habían
desnudado en una fiesta frente a una mujer con la que había salido.
Unos días antes la policía había decidido que su vida era una
impostura amenazadora. Cuando lo detuvieron por una infracción menor
y su identificación no coincidió, la policía se aseguró de que la
ciudad supiera que él mentía respecto de quién era. Pero él era
claro con sus amig*s. Se sentía un hombre; no se sentía una mujer
ni una lesbiana. No tenía dinero para operarse, todavía. En
cuestión de un mes, estaba muerto.Cuando era chica tenía una
pesadilla que aún reaparece en ocasiones: Estoy parada desnuda en el
centro de un círculo de gente. Se ríen de mí, me señalan, gritan
palabras soeces o me observan en silencio. Ell*s están vestidos. Yo
estoy desnuda, reducida a mi cuerpo femenino, y siento vergüenza.
Hay algo en mí que está mal. Antes pensaba que sólo las mujeres
tenían esa pesadilla. Ahora pienso que todo el mundo sueña que lo
desnudan, pero los dedos que señalan nos acusan de diferentes
delitos. La gente estira la mano para demostrar que sabe mejor que
nosotr*s mism*s cuál es la verdad sobre nosotr*s. Nos despojan de
nuestra ropa, nuestras palabras, nuestra piel, nuestra carne, hasta
que no somos más que una pila de huesos de carnicería, y luego
señalan y dicen que eso es lo que somos.Me siento en nuestra cocina
y leo un artículo del Village Voice sobre los asesinatos. La
redactora, una lesbiana, chismea alegremente con ex novias de Brandon
y repite detalles lascivos: cómo “ella” las engañó con un
dildo, cómo “ella” no permitía que le tocaran el pecho, los
muslos, los genitales. La redactora admite que Brandon vivía como un
hombre, pero lo desnuda para demostrar que no lo era. Para ella, todo
tiene que coincidir –genitales, ropa, pronombres-. Por otra parte,
no podía ser tan buen amante de mujeres a menos que fuera una mujer.
Ella decide que él es una lesbiana confundida; su tipo de lesbiana,
escribe, una mujer butch que la atrae, que la calienta. El comisario,
que se había negado a detener a los violadores cuando Brandon los
denunció, dijo: “Por lo que a mí concierne, pueden decirle eso.”
A lo largo de todo el artículo, la redactora lo llama ella: “La
acribillaron.” La redactora nunca menciona que murió cuando
insistió en que él iba a elegir sus propios pronombres.

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